El médico bien formado, es aquel, que además de conocer de las ciencias médicas, tiene una vocación humanista, "que cultiva las ciencias que enriquecen el espíritu" según María Moliner, este médico, con una cultura humanista, además de tener una comprensión más amplia, del complejo fenómeno salud–enfermedad, ésta posiblemente mejor inclinado a ejercer una medicina humanitaria.
El reto de hoy es cómo formar a las generaciones de nuevos médicos, con este perfil, en un mundo donde la sociedad rinde culto al avance tecnológico y un sector de negociantes de la medicina induce la idea de que los recursos tecnológicos novedosos y los avances de las ciencias médicas son todo lo que se necesita para atender bien a los enfermos.

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